El día de cumpleaños estaba cada vez más cerca y con cada hora que pasaba, Alma estaba aún más emocionada. Despertó temprano para ir a la escuela, como todos los días. Ahora miraba por la ventana, brillaba en su uniforme escolar, sonriendo, esperando la llegada del transporte escolar. Alicia por otro lado luchaba por no levantarse, odiaba despertar tan temprano, pero mamá ya había entrado al cuarto y todo estaba listo para salir, si Alicia se apuraba un poco.
Alicia se sentó en la cama, se estiró una vez más, tomó su uniforme y comenzó a vestirse, Alma tomó el desayuno que mamá preparó y empezó a caminar hacia afuera, se sentó en el columpio, sonreía. Alicia salió unos minutos más tarde, también resplandeciente en su uniforme, aunque no tan emocionada. Mamá sonreía mientras la tomaba de la mano. En la acera de enfrente, un niño también estaba sentado esperando, a sus espaldas un hombre mayor miraba al final de la calle, con una de sus manos apoyadas sobre su hombro. Ambos voltearon a la vez y saludaron a las chicas, el niño sonrió, el viejo mantuvo su rostro sereno. Ellos acababan de llegar y poco se sabía hasta ahora de quienes eran, sólo se sabía que había pasado algo trágico en sus vidas que los había llevado hasta ahí, vivían solos, pero parecían ser felices. El autobús llegó en ese momento y las niñas corrieron a subir a él y mamá, que conversaba con una vecina que pasaba por el lugar, volteó a despedirse despeinando ligeramente a Alicia mientras reía. El niño por otro lado caminó hacia el autobús, con calma, subió al vehículo y pasó a un lado de las dos chicas, pero en lugar de ocupar el tercer puesto del asiento, siguió hasta el fondo, se sentó solo.
El autobús empezó a andar, las risas infantiles y la algarabía se esparcían dentro del mismo, sin dejar espacio a ningún otro sonido, ellas miraron a su mamá, sonriendo y despidiéndose con sus manos, el también se despidió, de ella y del viejo que ahora había cruzado la calle y se encontraba al lado de ella. Un suspiro salió de entre los labios del viejo... Otro día empezaba...
Alicia se sentó en la cama, se estiró una vez más, tomó su uniforme y comenzó a vestirse, Alma tomó el desayuno que mamá preparó y empezó a caminar hacia afuera, se sentó en el columpio, sonreía. Alicia salió unos minutos más tarde, también resplandeciente en su uniforme, aunque no tan emocionada. Mamá sonreía mientras la tomaba de la mano. En la acera de enfrente, un niño también estaba sentado esperando, a sus espaldas un hombre mayor miraba al final de la calle, con una de sus manos apoyadas sobre su hombro. Ambos voltearon a la vez y saludaron a las chicas, el niño sonrió, el viejo mantuvo su rostro sereno. Ellos acababan de llegar y poco se sabía hasta ahora de quienes eran, sólo se sabía que había pasado algo trágico en sus vidas que los había llevado hasta ahí, vivían solos, pero parecían ser felices. El autobús llegó en ese momento y las niñas corrieron a subir a él y mamá, que conversaba con una vecina que pasaba por el lugar, volteó a despedirse despeinando ligeramente a Alicia mientras reía. El niño por otro lado caminó hacia el autobús, con calma, subió al vehículo y pasó a un lado de las dos chicas, pero en lugar de ocupar el tercer puesto del asiento, siguió hasta el fondo, se sentó solo.
El autobús empezó a andar, las risas infantiles y la algarabía se esparcían dentro del mismo, sin dejar espacio a ningún otro sonido, ellas miraron a su mamá, sonriendo y despidiéndose con sus manos, el también se despidió, de ella y del viejo que ahora había cruzado la calle y se encontraba al lado de ella. Un suspiro salió de entre los labios del viejo... Otro día empezaba...
Y Hans volvió a despertar sobresaltado... "¡Mierda! Hasta cuando... Necesito un café (Dios, cuanto necesito un café...)". Desde hacía algunos días había estado leyendo todo lo que podía sobre diferentes casos de masacres extrañas registrados, pero Buendía parecía tener razón, no había nada... En ninguna parte, que diera una respuesta completa a lo que pasaba en la CTM, siempre parecía faltar algo... Se había propuesto no pensar más en eso, hacía ya muchas horas desde que revisó por última vez los mensajes en su contestador. Caminó hacia el, oprimió el botón...
"Robert... Robert... ¡Estúpido suertudo tenemos que hablar! No se como rayos vas a hacer pero necesito tu grande y horrible trasero en mi oficina de inmediato, el grande ha hablado... Más vale pendejo que no me hagas quedar mal. Detalles aquí... DE INMEDIATO..."
Robert sonrió, le dolía la cabeza, pero estaba satisfecho, iría para allá enseguida...
Caminó al jardín, como siempre, y miró a los lados, hacía un día bonito, nuevamente se había despertado tarde. "De seguir así voy a terminar despedido y sin un centavo... ¡Dios! Como duele mi cabeza". Entró y preparó algo de desayunar, huevos fritos, pan tostado, ¡le encantaba aquel menú! Así que lo guardaba para días como aquel en los que no se sentía para nada dispuesto a salir al mundo. Comió despacio, pensando en aquel sueño, tratando de no pensar en la CTM, "¿Y cómo pepino evitarlo? ¡Al fin y al cabo parece que terminaré trabajando ahí... Estás frito Bob... ¡Si no encuentras algo, estás frito amigo!"
Tenía esa mala costumbre de hablar para sus adentros, le ayudaba a relajarse, le hacía sentir... Cuerdo. Tomó su taza de café y caminó hacia su cuarto, se rascó la cabeza, caminó hacia el escaparate y sacó una camisa, cerró la puerta. "¡TIENES QUE SER TU!" Saltó. Ahí estaba esa voz de nuevo... ¿Qué rayos estaba pasando? Los sueños parecían seguirse escapando al mundo real, no hizo caso, en lugar de eso tomó su taza de café y su camisa y volvió a salir al jardín, pero esta vez cerró la puerta a sus espaldas.
Al final de la calle apareció un auto, venía algo rápido. "Están locos", pensó. Estaba feliz, confundido pero feliz. Caminó despacio hacia el carro mientras sorbía la taza de café, la camisa reposaba aún sobre su hombro cuando se detuvo a un lado del carro para desactivar la alarma. "Otro largo día de trabajo Bob... ¡Vamos allá!" Miró al final de la calle... "¡MIERDA!" El auto que hacía poco estaba al final de la calle perdió el control y volcó... Y parecía venir hacia el, el ruido del metal y del motor era estridente, el auto seguía desarmándose mientras giraba una y otra vez acercándose cada vez más a Robert, quien sin dudarlo empezó a correr para tratar de escapar...
¡Era muy tarde! Se tiró al suelo y se cubrió la cabeza. Un horrible ruido, un golpe, gritos... Paz. Robert se levantó, no había choque, no había auto, ni víctimas... Nada. Todo estaba limpio y tranquilo... Su mente parecía haberle jugado otra broma. Muerto de miedo corrió al auto, se puso la camisa y partió... Tenía que hacer algo con toda esa porquería que su mente le hacía vivir...!
"Robert... Robert... ¡Estúpido suertudo tenemos que hablar! No se como rayos vas a hacer pero necesito tu grande y horrible trasero en mi oficina de inmediato, el grande ha hablado... Más vale pendejo que no me hagas quedar mal. Detalles aquí... DE INMEDIATO..."
Robert sonrió, le dolía la cabeza, pero estaba satisfecho, iría para allá enseguida...
Caminó al jardín, como siempre, y miró a los lados, hacía un día bonito, nuevamente se había despertado tarde. "De seguir así voy a terminar despedido y sin un centavo... ¡Dios! Como duele mi cabeza". Entró y preparó algo de desayunar, huevos fritos, pan tostado, ¡le encantaba aquel menú! Así que lo guardaba para días como aquel en los que no se sentía para nada dispuesto a salir al mundo. Comió despacio, pensando en aquel sueño, tratando de no pensar en la CTM, "¿Y cómo pepino evitarlo? ¡Al fin y al cabo parece que terminaré trabajando ahí... Estás frito Bob... ¡Si no encuentras algo, estás frito amigo!"
Tenía esa mala costumbre de hablar para sus adentros, le ayudaba a relajarse, le hacía sentir... Cuerdo. Tomó su taza de café y caminó hacia su cuarto, se rascó la cabeza, caminó hacia el escaparate y sacó una camisa, cerró la puerta. "¡TIENES QUE SER TU!" Saltó. Ahí estaba esa voz de nuevo... ¿Qué rayos estaba pasando? Los sueños parecían seguirse escapando al mundo real, no hizo caso, en lugar de eso tomó su taza de café y su camisa y volvió a salir al jardín, pero esta vez cerró la puerta a sus espaldas.
Al final de la calle apareció un auto, venía algo rápido. "Están locos", pensó. Estaba feliz, confundido pero feliz. Caminó despacio hacia el carro mientras sorbía la taza de café, la camisa reposaba aún sobre su hombro cuando se detuvo a un lado del carro para desactivar la alarma. "Otro largo día de trabajo Bob... ¡Vamos allá!" Miró al final de la calle... "¡MIERDA!" El auto que hacía poco estaba al final de la calle perdió el control y volcó... Y parecía venir hacia el, el ruido del metal y del motor era estridente, el auto seguía desarmándose mientras giraba una y otra vez acercándose cada vez más a Robert, quien sin dudarlo empezó a correr para tratar de escapar...
¡Era muy tarde! Se tiró al suelo y se cubrió la cabeza. Un horrible ruido, un golpe, gritos... Paz. Robert se levantó, no había choque, no había auto, ni víctimas... Nada. Todo estaba limpio y tranquilo... Su mente parecía haberle jugado otra broma. Muerto de miedo corrió al auto, se puso la camisa y partió... Tenía que hacer algo con toda esa porquería que su mente le hacía vivir...!
*.:. Giro del destino .:.*
Hacía pocos minutos el autobus escolar había desaparecido en la esquina. La policía estaba ahora en el lugar... Un auto hecho pedazos reposaba recostado contra un árbol, la gente gritaba y corría, los rescatistas daban lo mejor de sí, uno de ellos miró horrorizado debajo de los escombros... Ahí estaba ella... Mamá... Sin vida... debajo de los restos de metal... Un amargo y retorcido giro del destino...

2 comentarios:
Me gusta mucho, aunque no comente casi nunca , estoy pendiente y me gusta mucho la historia, eres bueno para esto. ok? besos...
Hacía tiempo que no venía , pero no te olvido !
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